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11 de febrero de 2004
Millás entra en campaña
Quizá porque la política es una cosa
demasiado seria como para dejársela a los políticos (¿les
había dicho que me encanta parafrasear?) o porque ya es hora de que
alguien haga oposición; tal vez porque es un escritor de los pies
a la cabeza y sabe reconocer un buen argumento o –no lo descartemos,
por favor- porque es una persona sensible, y le duelen ciertas situaciones...
El caso es que Juan
José Millás está a punto de publicar un
libro que, me dice alguien en cuyo criterio confío, es buenísimo,
y que, me cuentan, va a levantar ampollas. Hay algo que no es como me
dices, se titula, y narra la historia de Nevenka Fernández,
aquella concejala de Ponferrada que denunció a su alcade y ex pareja
por acoso sexual. Los tribunales, a pesar de Ana Botella,
le dieron la razón.
Como es no ficción, la obra la publica Aguilar
(sale el día 18), editorial que ha llevado todo el proceso con
sumo sigilo. Pero, me aseguran que la historia es tan potente que más
bien parece una novela. Durante dos años, Millás
se ha convertido en la sombra de Nevenka, y ha escuchado
todo lo que ella tenía que contar. Pronto sabremos qué fue...
Punto y seguido
El mundo editorial vive en crisis permanente, lo cual
no deja de ser una contradicción en los términos. Pero eso
no evita que sigan publicándose más y más títulos,
aunque los anticipos son cada vez más u más... bajos, para
desesperación de autores y agentes; ni que algunos entusiastas sigan
creyendo que su futuro está ahí y no en la seción de
charcutería de una gran superficie, o en un hotelito rural, que es
lo que dicta el sentido.
Por supuesto, eso tampoco evita los movimientos intestinos. El divorcio
entre Ediciones B y Santillana seha
consumado, y Punto
de Lectura ya es sólo cosa de una, de la segunda.
Hasta que todo se formalice de manera definitiva, la editorial de bolsillo
ha parado máquinas. Habrá títulos nuevos en marzo;
títulos y un plan editorial para lo que queda de 2004.
Tristeza animal
Jordi Puntí, que ya asombrara
en catalán y en castellano con Piel de armadillo, publicó
hace meses en su lengua materna Animals tristos, una recopilación
de cuentos que, de la mano de otro autor menos fragmentado, bien podrían
haber sido una novela, puesto que los personajes aparecen una y otra vez,
en una y otra historia. El éxito del libro en catalán ha animado
a Salamandra (hay vida fuera de Harry Potter)
a ofrecérnoslo en castellano. Animales tristes es, oficialmente,
una traducción. “Hay que presentarlo así por razones
burocráticas”, se justifican en la editorial. La burocracia
tiene razones que la literatura desconoce. Pero Puntí
defiende que estamos ante una reescritura. Sea como fuere, un libro que
merece la pena.
Marqués, y rojo
Cuatro meses después de la salida del libro,
José Luis de Vilallonga, que ahora vive en Barcelona,
hizo la presentación madrileña del último tomo de sus
memorias, término cuyo alcance y contenido él ha ampliado
de manera considerable puesto que en La rosa, la corona y el marqués
rojo, más que hacer memoria, tira de grabadora y rememora sus
encuentros con gente importante (gracias, Manolo, por tu
aportación. Se te echa de menos).
Estuvo el autor acompañado por Felipe González,
uno de los protagonistas del libro. Y González,
genio y figura, robó el acto al verdadero protagonista, el cual,
no sé si dolido o agradecido, se resignó a ser su propio
telonero. “Lo de Marqués rojo me lo pusieron en París,
cuando fui portavoz de la Junta Democrática”, atinó
a decir don José Luis. “Cuando no eras ni
rosado”, apostilló González.
Vilallonga (que no Villalonga, que
todavía hay clases, y usted que lo diga, señor marqués)
dijo que en estos tiempos ya no quedan grandes hombres, y que todo le
parece tan aburrido y gris que está dispuesto a morirse ya mismo.
Sin embargo, sus incondicionales no son partidarios... Nota para la prensa
rosa: entre el público estaba su ex Sylliane,
creo que se escribe así. ¡Qué poca memoria tienen
algunas, oiga!
Hoy toca bicentenario
La industria de las efemérides marcha viento
en popa, a toda vela. Este año se cumplen 200 de la muerte de Inmanuel
Kant, al que todos (incluso quienes no hemos leído nada
suyo) consideramos una gran figura de la filosofía occidental. Algunos
además le teníamos por un asceta, no sé si por esos
retratos que nos lo presentan como un tipo enjuto, de nariz prominente y
ojos saltones, o si porque, en algún momento olvidado, alguien nos
sopló al oído que un pensador no puede ser un vividor. Sin
embargo, la biografía firmada por Manfred Kuehn
que nos brinta Acento insiste en que ese darle vueltas
incesantemente al caletre no le impidió disfrutar de la buena mesa,
ni de la amistad de sus amigos. Se lee bien, y se aprende mucho.
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