05 de septiembre de 2007

Busco saga, pago anticipo


El sexagenario doctor Jones

Hasta el más torpe economista sabe que el riesgo del negocio cinematográfico es la dificultad de prever la demanda. Rentabilidades pasadas no aseguran rentabilidades futuras, repiten como un mantra de desasosiego los analistas de renta variable. Así es el negocio cultural. Películas muy caras y con todos los atributos para el éxito pasan sin pena ni gloria por las salas y comprometen los resultados de todo un ejercicio. En todo caso, para Hollywood, éste ha sido un gran verano, merced a taquillazos como las terceras partes de Spiderman, El caso Bourne, Piratas del Caribe, Shrek o la quinta de Harry Potter, a las que se añade el estreno de Transformers.

La revista Variety asegura que se trata del primer verano en que cuatro películas superan los trescientos millones de dólares. Y ahí radica la inquietud, pues en el caso de las tres primeras, son títulos que cierran -al menos, de momento- una serie, es decir, una fuente de ingresos agotada, mientras que a las adaptaciones de J. K. Rowling sólo les restan dos títulos. Todas ellas triunfaron creando clientes y acotando lo que los economistas llaman un target (objetivo) que garantizaba los ingresos del siguiente episodio. Y hay otra ventaja financiera relevante: lo que en economía se conoce como el costo marginal (lo que cuesta la última unidad producida), que siempre es descendente. Es decir, al hacer varias películas con un mismo elenco, el mismo equipo de efectos, el mismo equipo artístico y todo o parte de los decorados originales, el coste de cada nuevo título es menor que el del anterior.


El mejor Bond parece ruso, pero,
increíblemente, ¡funciona!

Por eso, más que ansia por encontrar nuevas películas, lo que se está viviendo en Hollywood es un histérico esfuerzo por hallar nuevos seriales. El último y más espectacular caso asomaba la semana pasada en el Internacional Herald Tribune: Twenty Century Fox -a través de su filial Fox 2000- y Scott Free Productions -productora de Ridley Scott- adquirieron los derechos de unas novelas de las que sólo existe el borrador de la mitad del primer volumen. El libro, titulado The passage, que no llegará a las librerías hasta el verano del 2009, inaugura una serie de vampiros ambientada en el 2016 que recuerda a 28 días después,de Danny Boyle: un experimento del gobierno afecta a un grupo de reos del corredor de la muerte y lo convierte en una caterva de infecciosos vampiros. Es todo lo que se sabe del asunto. Eso y que la productora ha puesto 1,75 millones de dólares en una puja por los derechos con Warner, Sony Pictures y Universal Pictures. Ballantine Books, que se hizo con los derechos editoriales, ha pagado, dice la prensa local, 3,75 millones de dólares. El editor, Mark Tavani, lo niega. O casi: "No es la cifra correcta, pero no va desencaminada".

Se diría que semejante desembolso y tal anticipo sólo están al alcance de autores de probada rentabilidad, como Stephen King, Michael Crichton o la citada Rowling. Pero no. El nombre del escritor, Jordan Ainsley, es un alias elegido por su agente, Ellen Levine, para colocar la obra. Levine omitió su identidad para evitar prejuicios, pues Justin Cronin, que así se llama realmente el novelista, sólo tiene en su haber una colección de cuentos titulada Mary y O´Neill premiada en el 2001. Ni un superventas.


Mmmmm... tenía que ser un éxito.
¡Probemos otra vez!

No se trata de hacer del caso categoría, pero sí de tomarlo como indicio: los productores prefieren comprar series o personajes, antes que una gran historia cerrada. Y no es algo nuevo. Una de las formas que antaño emplearon los estudios para atar al público era cultivar géneros. Es común oír hablar a cinéfilos y estudiosos -con un deje de nostalgia, más vital que artística- de los melodramas de la RKO, los musicales de la Metro o el terror de la Universal. Hoy, algunos productores, como Jerry Bruckheimer, con un sentido muy lúdico de la acción y el entretenimiento, han remedado la práctica del Hollywood clásico con buenos resultados, algo que Filmax lleva unos años haciendo en España con la Fantastic Factory, Castelao Producciones y Filmax Animation, alejándose del tradicional modelo de producción español, ese quijotismo que llevó a dilapidar la serie del Capitán Alatriste en una sola película de resultado cuando menos cuestionable.

Además de las novelas de Cronin, se barruntan otros intentos de crear series rentables y duraderas. Estos días se corrió la voz de que la puesta de largo de Wonder Woman en pantalla grande podría encarnarse en Katie Holmes. Y de Hellboy, adaptación de Guillermo del Toro del cómic de Mike Mignola, está anunciada para el 8 de agosto del 2008 la segunda parte, titulada Hellboy2: The golden army. En este sentido, una referencia del riesgo que corre de The passage es Eragon, primera de la serie El legado escrita por el jovenzuelo Christopher Paolini, que se convirtió en un exitazo editorial pero cuya traslación al cine estuvo muy cerca de lo catastrófico. Otro tanto ocurrió con Daredevil, el personaje al que dio vuelo Frank Miller -del que, por cierto, están en capilla Sin City 2 y Sin City 3, codirigidas con Robert Rodríguez-, o con el intento por adaptar los libros de Lemony Snicket -alias de Daniel Handler-, autor que desplazara eventualmente a J. K. Rowling de las listas de éxitos con Una serie de catastróficas desdichas.


Eragon, Dragones y Mazmorras, El Reino
de los Cielos
... "Cómo le gustan a Irons
las armaduras", dice Javi Sánchez

En la línea de las creaciones de la Tierra Media, están las novelas de Margaret Weis y Tracy Hickman conocidas como Las crónicas de la Dragonlance, de las que se encuentra en posproducción la primera parte, Dragonlance: Dragons of autumn twilight, largo de animación dirigido por Hill Meugniot, cuyo estreno se prevé para la próxima temporada y que adapta la novela publicada en España como Dragonlance, el retorno de los dragones. Se trata de una trilogía, pero si funciona puede ser un negocio muy duradero -por el que ya pujó Jim Hensom-: desde 1984, la serie ha dado lugar a más de 150 novelas y un puñado de ellas ha logrado colarse en la lista de superventas de The New York Times.

Mientras se descubren nuevas series, la explotación de las viejas no ceja. Terminator,pese a los resultados de la tercera, tendrá una cuarta en el 2009. New Line y MGM ultiman la preproducción de El hobbit,último esfuerzo por exprimir el éxito de El señor de los anillos. Por no hablar de los bríos que el longevo Bond ha cobrado con Daniel Craig. Incluso la imperecedera Star Trek tiene en marcha un largo para el 2009, de la mano de J. J. Abrahams, creador de Perdidos y Alias, y responsable de Misión: Imposible III. Tras el éxito de Piratas del Caribe, Disney va a intentarlo con Las crónicas de Narnia, de C. S. Lewis, cuyos derechos compró para triunfar a rebufo de Tolkien y salió regulero.


Hombre equivocado, lugar equivocado...
demasiado a menudo. Este tío es gafe

En este ánimo serial, también vale la rehabilitación. Si Christopher Nolan y Bryan Singer resucitaron con éxito a Batman y Superman, y acabamos de ver cómo Sylvester Stallone reavivaba los rescoldos del boxeador Rocky Balboa, para diciembre de este año se estrena John Rambo, también dirigida por Stallone y que retoma las andanzas de aquel veterano de Vietnam de alarmante progresión hacia el fascismo anabolizado. Y, hablando de hormonas, Millenium Films trabaja para relanzar al icono con el que Millius lanzó a la fama a Arnold Schwarzenegger, Conan, el Bárbaro debe estrenarse en el 2009, pero aún no hay director ni actor de esta revisión del personaje de Robert E. Howard.

Puestos a revivir mitos de los ochenta, el estreno más esperado es la cuarta aventura, hoy en rodaje, de Indiana Jones, creación de Lucas y Spielberg. Su título provisional es Indiana Jones and the City of Gods y, con guión de David Koepp, se estrena el 22 de mayo del 2008. La tentación de atribuir esta fiebre a la falta de creatividad es obvia, pero la realidad es más compleja y en ella se conjugan comercialidad, costes, nostalgia y un nuevo lenguaje afín a formatos y hábitos contemporáneos. Se trata de un fenómeno de alcance, que reúne apuestas tan arriesgadas como la citada novela no escrita, frente a otras de tan escaso riesgo como el regreso del doctor Jones, pero que, en todo caso, habla de una asimilación de la narración serial de la televisión, el cómic y las novelas por entregas que afectará, al cabo, a la sustancia misma de la narrativa cinematográfica.

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(Este artículo se publicó originalmente en La Vanguardia, pags. 26 y 27 del 25 de agosto de 2007)





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