13 de junio de 2007

Basurero sociológico


Esta película no gustó nada, nada, nada

El silencio del CinExín, toca aclarar, es una consecuencia directa de las obligaciones de procurarse el peculio, que no es que consuman las horas necesarias para esta escritura -en eso tiene más culpa cierta pasión por el lúpulo y otros abandonos dionisiacos que no serán aquí descritos por cortesía para con uno mismo-, sino que arrebatan a menudo el tiempo dedicado a pensar en las películas en beneficio de que a uno se las cuenten. Era un chiste. Tras estos sesenta días de asueto sacerdotal (el CinExín, ya lo saben los más veteranos, debe ser entendido cual homilía), se arbitrará hoy una media transaccional, cual es hacer ropavieja, ese plato refrito de sobras. Dicho de otro modo, de las siempre estimulantes horas de la jornada laboral, se sacará provecho para alimentar este refugio que se pretendió semanal (y lo volverá a ser, seña directora, no se enfade). Todo esto viene a cuento de que hoy aborda este espacio un sucedido de la jornada laboral del arriba firmante, sosías del CinExín. Presentábase a la prensa de los madriles, con toda la pompa y circunstancia a que ha lugar, un sondeo titulado Estudio de opinión sobre el cine en España, que, mira tú, fue encargado por un tal Instituto de Pensamiento Estratégico (?) a la empresa Sigma Dos (conocida por sus trabajos para un cierto diario capitalino) en mitad del debate parlamentario sobre la norma que regulará a la cinematografía española toda. Dos excelentísimos cátedros oficiaban de maestros de ceremonias, power point en ristre: el catedrático de Cine de la Universidad Complutense Emilio Carlos García y el catedrático de Periodismo del mismo centro Jesús Timoteo Álvarez. Antes de relatarles lo que allí aconteció, procede recordarles que quien gestiona esta suerte de bitácora demente, un servidor de ustedes, opina sobre el cine que se hace aquí lo que ya expresó hace trece mesecitos (Veinte verdades como puños), en los epígrafes uno y dos. Digo, por ir poniendo las cartas boca arriba.


Esta tampoco, nada de nada

Personados en el lugar de los hechos a eso de las diez y media de la soleada mañana, los plumillas asisten a una presentación, en el citado software que mató a las diapositivas, en la que los eméritos profesores antedichos explican que los españoles consideran el cine compatriota "mediocre", de temática poco interesante, rechazan "de plano" la política de subvenciones y concluyen que la cultura en general y el cine en particular debería estar sometido al mercado sin más. "Tate, se te acabó el chollo, Andrésvicente", pensó, no sin cierta sorpresa y con un lejano agrado, éste que escribe, "si es que no se puede vivir del cuento toda la vida", continuaban fugaces los pensamientos. Pero, ay, resulta que a los periodistas, siempre dormidos y legañosos antes del ángelus, se nos habían entregado dos parcos folios, de cuya atenta lectura emanaba un aroma muy familiar: "El 69,3% de los encuestados querría ser consultado a propósito de las subvenciones a los productores y el 35% de los entrevistados las rechazan totalmente". Snif, snif. Agudicen su olfato, ¿no les huele raro? Bueno, sigamos: "Casi la mitad, un 47,6%, considera que el cine español es "para minorías"; un 58,7%, que "es mediocre o nada interesante", y un 11,2% manifiesta que "no tiene ningún interés" para el público en general. No obstante, casi el 40% cree que el cine español tiene "un nivel alto"". ¿Ya? ¿Lo pillan? Exacto: chamusquina, huele a chamusquina. Un reportero, repentinamente espabilado, preguntó: "Vale, el 35% rechaza las subvenciones, ¿y el 65% que falta?". Siguió una respuesta pletórica de ambigüedades y, cuando ya pensaban los cátedros que se habían zafado, hasta tres periodistas preguntaron de forma consecutiva si podíamos ver la totalidad de la encuesta. "Cachis, no son tan bobos como nos creíamos", pensaron simultáneamente los oradores y el heterónimo del CinExín, que dormitaba en la última fila de la bancada de la canallesca sin tomar nota de nada y hasta ese momento tontamente ilusionado con la idea de ser el único en hacerse, en un posterior aparte, con el sondeo en bruto.


Y ésta, buf, cines vacíos con palomitas
corriendo por el suelo (huían)

Mardisión: No lo llevaban encima Don Emilio y Don Timoteo, que mira qué bobada, venirse a presentar un estudio y dejárselo encima de la cómoda. Aunque éste último enseñante de simpático nombre acertó a añadir, disuasorio, que vale, que lo enviaban, pero allá cada cual si quería tragarse un rollo de 67 folios que no aportaba nada a lo ya dicho. Por no aburrirles, a la salida de semejante sesión de conocimiento -en la que se abogó sin ambages por un regreso al cine español "de los sesenta" (ya saben, el de las tonadilleras y los niños prodigio) y llegó a mencionarse, con nombres y apellidos a Paco Martínez Soria como el oráculo que debe guiar a la industria patria (quién da las cátedras, inquiero)-, media docena de los presentes, entre los que ya imaginan quién sí estaba, procedieron a dejar su e-mail a las muchachas que organizaban la comunicación del acto con la encomienda de que les fuera remitido íntegramente tan ambicioso y plúmbeo (Timoteo dixit) trabajo de investigación psicosocial a la mayor brevedad.

A pesar de que las agencias de prensa -aquí, para qué vamos a hacer distingos, todas- remitieron de forma inmediata el dogma allí oído sin mayor miramiento, el que suscribe informó de sus sospechas sobre el estudio y pactó con su teniente coronel al mando no publicar ni una línea hasta tener entre las manos el susodicho e interesantísimo retrato de la sociedad nacional. Bueno, no hubo caso, porque por una razón o por otra, el pdf (un archivo gráfico, para los ignaros) llegó pasadas generosamente las nueve de la noche. La curiosidad, que mató al gato, dio la vida al periodismo, así que, sin nada mejor que hacer en las horas subsiguientes y a pesar de la imposibilidad de meter en la edición del día el resultado de una lectura somera del gran trabajo de Sigma Dos, el obseso martillo de sociólogos en que se ha convertido este humilde redactor de provincias venido a más decidió adentrarse en el proceloso mundo de los porcentajes.


Conozco a un tío que conoce a una moza
que dice que una amiga de su madre la vio

Ni merece mencionarse la torticera redacción de las preguntas de la encuesta, que de tan grosera convierte en mentecatos a quienes las redactaron. Por su pueril intención ideológica y por su asalto a la gramática elemental. Bueno, venga, merece mecionarse. Atención pregunta: "En su opinión, ¿cuál es el nivel de satisfacción con relación al cine español?". Ojo a las respuestas posibles. Bueno, el diseñador de la encuesta sólo ofrece tres posibilidades: alto, medio y bajo. Pero, para disuadir a los parroquianos de elegir la primera opción, la redacción concreta de la respuesta reza así: "Alto, es un cine muy bueno". En cambio la del tercer peldaño es mucho más amigable: "Bajo, no tiene interés para mí". Con todo, la primera opción la escogen casi un 40% de los encuestados (un 38,5%, por ser precisos), mientras que la última sólo es la elegida por un 11%. Todos los demás, en el nivel medio. Pero, mecachis, Sigma Dos ha añadido en esa respuesta central: "Medio, me resulta un cine mediocre en comparación con otros". En los titulares que aparecieron de inmediato en los despachos de agencia se aseguraba que el 58% de los ciudadanos calificaba de "mediocre" el cine español. Habría que precisar que el calificativo no lo ponía el benemérito pueblo español, sino el encuestador en su pregunta, pero quién va a ser tan miserable de entrar en sutilezas cuando el fin perseguido es de tal nobleza. Bueno, ha habido que hacer trampitas, pero el primer objetivo está cumplido y la rimbombante agencia Efe de Alex Grijelmo y la no menos egregia Europa Press de Asís Martín G. De Caviedes habían picado. Y las radios y las webs cacareaban la buena nueva a diestro y, sobre todo, a siniestro.

No contentos, había otra pregunta, muy neutra ella. Decía: "Según su opinión, el cine español es:". Hasta aquí de acuerdo, pero ojo a las tres opciones, porque la primera es de ciencia ficción para invitar a los simpáticos viandantes a apuntarse a las otras dos: "1. Un cine muy seguido por el público de forma mayoritaria". Ay, esta va a ser que no. "2. Un cine para minorías". Y, por fin, "3. Un cine sin interés para el público en general". Captan la elegante invitación, verdad. Ustedes son listos. Los sabios medios de comunicación antecitados canturrearon toda la tarde: "El 58% de los españoles cree que el cine español es para minorías o no tiene interés alguno para el público en general". Con todo, me pasmo con que la primera opción, pese a esa redacción galáctica, obtuviera un notable 32% de apoyos. De nuevo, como en la anterior pregunta, la elección positiva gana a la negativa y la mayoritaria es la intermedia, que ha sido convenientemente redactada para que tenga un matiz intencionadamente peyorativo.


El dueño de tele que pagó esta película
para minorías todavía se está riendo

Pero calla, lo mejor estaba por llegar. ¿Recuerdan la pregunta del indisciplinado gacetillero sobre el rechazo a las subvenciones? Escuchen, que se van a reír. En la nota de prensa y en el peripatético power point exhibido (y en las agencias, las radios, las webs y muchos periódicos del día) se hablaba del control reclamado por el 60% de los contribuyentes a las subvenciones y el rechazo frontal del 35%, pero se distrajo alguno de los datos que la encuesta añade a estos. Porque había una pregunta, convenientemente silenciada por Don Emilio y Don Timoteo, que decía: "¿Qué opinión le merecen las subvenciones al cine español". Las opciones "Me parecen bien o muy bien" sumaban más del 64%. Las del mal o muy mal, ni llegaban al 21%. Ay, coño, qué olvido, mencionar esto a la prensa. Por si esta pregunta no surtía el efecto deseado, como así fue, el encuestador añadió una segunda, que dice lo mismo, pero con una redacción más agresiva, en plan perodeverdadleparecebien. Decía "En su opinión, ¿cree usted que el gobierno debe seguir subvencionando a los productores españoles con dinero público procedente de los impuestos ciudadanos?". Reparen en el detalle de la mención al bolsillo suyo, el de ustedes, y en el matiz: ya no se habla de dar dinero al cine, sino a unos señores llamados los productores. Pues ni por esas, qué terco es el vulgo: Dijo sí, el 57,9%; no, el 35,6%; no sabe, el 6,5%. En plena medianoche, con los ojos llorosos por la indignación y la miopía, el presuntuoso autor del CinExín aún encontró otra pregunta escamoteada durante la disertación de proselitismo ultraliberal de la mañana: "En su opinión [me pregunto a qué viene este empeño, ¿alguien da la opinión del vecino cuando le hacen una encuesta?] ¿cree que todas estas subvenciones contribuyen en la actualidad a la producción de un cine español más interesante para los espectadores?". El detallito revelador es "toda estas". De nuevo el indisciplinado pueblo se sale por peteneras: Sí contribuye a hacerlas más interesantes según el 53,3%; no, según el 34,8%.


Ay, qué sufrimiento. ¿Cómo quieren
que veamos este truño?

A ver, hagamos balance: los españoles creen mayoritariamente que la calidad del cine español es media, sólo un 11% cree que es poco interesante, y una abrumadora mayoría apoya las subvenciones porque cree que hacen que las películas resultantes sean más interesantes. Vale, pues para contar la trola que contaron salen dos catedráticos de periodismo que, me cuentan, son considerados dos autoridades de primerísimo nivel. En la rueda de prensa, añado, algunos compañeros preguntaron si las televisiones privadas, obligadas por ley a invertir en cine, estaban detrás del tinglado. No, no, no, no, gemía Don Timoteo.

Este caso, contado aquí con algunos pormenores -créanme, hay más felonías, pero supongo que ya tienen bastante. Si quieren saber más escriban a la dirección al pie, que les mando gustoso la encuesta completa-, no presenta la novedad de montar una encuesta interesada y manipularla mediante la redacción de preguntas y respuestas para obtener un resultado. Cada encuesta sobre violencia y televisión, o violencia y videojuego, o violencia en las escuelas, o sexo e infancia, o trabajo infantil, o juventud y drogas, o adolescentes y alcohol de cuantas se han publicado en los últimos tres años (no cabe decir nada de las de años atrás, no tuvo el autor ocasión de estudiarlas con tal detalle) están realizadas con igual dirigismo y distorsionan la realidad en función de una posición previa, que casi siempre es de un sonrojante paternalismo. La novedad del trabajito de Sigma Dos es que ni con toda esa truculencia han obtenido los resultados pretendidos por sus clientes -no sería la primera empresa de encuestas que en este país le pregunta a su cliente qué resultado quiere que salga antes de empezar-, y que dos talluditos profesores de universidad, bajo el amparo de un aparatoso Instituto del Pensamiento Estratégico, salgan a hacer tal ridículo, a montar una patraña tan burda, tan poco sofisticada, y que, virgensanta, reciban el aplauso unánime de las agencias de prensa y demás custodios de la verdad verdadera. Dan ganas de colgar el hábito. Qué va, qué va, de lo que dan ganas es de incluir la sociología en la lista de no-ciencias en la que hace tiempo que saca pecho la psicología (ya saben que se basa en la literatura, no en la medicina científica). Y de suspender de empleo y sueldo a los docentes implicados, para los que puede idearse algún castigo ejemplar, a la manera de la Revolución Cultural china.

El arriba firmante, que celebró hace dos semanas su trigésimo sexto aniversario en el planeta, creía haberlo visto todo en los tres lustros de profesión que le han tocado, de acá a acullá, pero a la vista está que aún es una virginal joven promesa y las mechas blancas que pugnan en sus sienes no son más que un efecto secundario del susto con el que coge la libreta cada mañana. Y ahora, sabrán disculparme, la cebada está fermentando en la cocina y la malta dice que la tengo abandonada.

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Nota: Procede reiterar que el autor opina que el cine español hoy por hoy es básicamente malo y cutre, con poquitas excepciones, y, por tanto, no alberga interés alguno en defenderlo. Que quede claro que las negritas de este artículo están puestas con intención de escarnio público. No faltaba más.






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