11 de septiembre de 2003

El ojo vago


¿Una película de acción?

El CinExín ya no ve nada de cerca. Son cosas de la edad. Durante años la fila 6 fue la petición educada que escuchaba la taquillera, al margen de la película y el tamaño de la sala. La costumbre viene de la primera adolescencia, cuando el sosías aún no llevaba gafas a pesar de padecer ya los primeros síntomas de lo que más tarde el oftalmólogo diagnosticaría como una típica miopía. Sencillamente de cerca veía mejor y en las filas traseras se cocían actividades para las que era menester una compañía que no siempre era la apropiada. Luego, con el paso de los años y el aumento de afición y dioptrías, el demiurgo del CinExín concluyó que, frente a la costumbre familiar de elegir cualquier fila por detrás de la duodécima, la práctica genuina del espectáculo cinematográfico, por su diferencia con el televisivo, era la de aproximarse más a la pantalla, de forma que ésta ocupara la mayor parte del campo de visión.

Buscaba así una inmersión mayor en el relato, en el asunto de la película, un anticipo de la realidad virtual o las experiencias envolventes que hoy ofrecen las salas ultrapanorámicas de las que la cadena Imax es la expresión más conocida.


Surfing USA

Al reconocer las dificultades para ver de cerca, y que son cosas de la edad, ustedes se van a pensar que el que suscribe está cercano a jubilarse, y más quisiera. Aún le quedan varias décadas de trabajos forzados para disfrutar del retiro subvencionado que aún exista. Sin embargo, la edad es capital en este asunto. Resulta que en las escenas de acción de casi cualquier película uno no alcanza a discernir qué es lo que está pasando desde la fila 6. Y no necesariamente hablamos de lo último del herculíneo Vin Diesel, sino de algo tan inofensivo como el Tarzán (1999), de Kevin Lima y Chris Buck, para Disney. Desde el centro de la sexta hilera la construcción de las escenas de acción se recibe confusa, demasiado acelerada para entender las piruetas de surfista arborícola. El esfuerzo óptico fue denodado, pero la decodificación de la persecución de monos resultó imposible. Incluso tratándose de dibujos animados.


Ahí delante, el tercero por
la derecha, en la fila sexta...

No era la primera vez y desde luego no ha sido la última, pero sí es un ejemplo muy significativo pues se trata de una película poco o nada agresiva y destinada primordialmente a un público infantil. La confusión se ha repetido en muchas otras películas, fundamentalmente en persecuciones y peleas: planos muy cortos y un montaje muy picado crean una sensación muy dinámica, pero impiden que las acrobacias sean claras. Un ejemplo, desde la butaca de siempre, las escenas de guerra de Braveheart (1995) eran una maraña de manos y espadas en la pantalla grande. Incluso uno salió un tanto mareado de las dos películas de El Señor de los Anillos, con tanto movimiento de cámara y escorzo para subrayar la diferente escala entre personajes.

La lista es muy larga, pero tomando distancia la cosa mejoró: las mismas escenas que en la sala oscura resultaban equívocas, en la pantalla del televisor eran más naturales y se apreciaba con detalle lo que se habían querido contar. Hace tiempo que la ficción del cine y la de televisión se separaron, pero manteniendo continuos contagios. La dirección de cine coloca la cámara más lejos debido al tamaño de la pantalla, mientras que en televisión se apela continuamente al primer plano, no con el sentido dramático original de este tipo de encuadre, sino para que la cara del actor sea totalmente visible independientemente del tamaño del receptor.


Esto es lo que se denomina "formato buzón"

Con el paso del tiempo, la emisión de cine por televisión y la comercialización de copias en vídeo de las películas obligarían a los directores a adaptar el léxico visual de sus productos, de modo que el cambio a un formato doméstico no supusiera un coste dramático: el conocido recorte de los formatos anchos (lo que se conoce como full screen) dejó de ser una dramática amputación, pues las películas eran rodadas con doble fotografía. El operador tenía en cuenta no sólo el encuadre del formato panorámico (2,35/1 y 1,85/1 son las proporciones más comunes) sino también cómo quedaría la composición una vez que se prescindiera de las 'alas' para encajar la imagen en las proporciones de una pantalla de televisor convencional (4/3). Un monitor de vídeo permitía al director valorar el aspecto de ambos encuadres durante el propio rodaje. Alien3 (1992), de David Fincher es un ejemplo de película rodada para ambas hechuras. Disney también ha practicado durante años la doble fotografía, ya que la comercialización de películas en el mercado doméstico supone una parte muy importante de su cuenta de ingresos.


El futuro ya está aquí y es
alargado (como la sombra del ciprés)

La aparición de televisores panorámicos (16/9) o simplemente de mayor tamaño sirvió para superar estos problemas: la mejora de la calidad de imagen permite que una película sea vista en su formato original (el conocido como "formato buzón" por las bandas negras que rellenan la parte superior e inferior de la pantalla) con una pérdida de detalle asumible. Posteriormente, el éxito del DVD y las emisiones de televisión digitales (por cable o satélite) terminaron de resolver el problema de la pérdida de calidad de la imagen y han acabado por acostumbrar el ojo del espectador a los formatos cinematográficos alargados. En Europa, las películas en DVD se comercializan casi exclusivamente en formatos panorámicos (a excepción de Disney), mientras que en Estados Unidos sigue siendo más popular la pantalla cuadrada.


Lo que se veía bien eran las palomas

El mercado doméstico ha dejado de ser una fuente complementaria de ingresos para los estudios y supone una parte principal de la vida comercial de la película. No extraña pues que directores de cine que han crecido viendo el cine en vídeo (el mercado de alquiler de vídeo vivió su época dorada en los ochenta, cuando muchos de los jóvenes directores que hoy mandan en la industria eran adolescentes) tengan en cuenta la naturaleza anfibológica de sus obras. Y más que permitir dos cortes al mismo encuadre lo que se busca es un solo formato que, aunque alargado, sea claramente legible en un receptor de televisión.

Esta tendencia del cine a asumir un nuevo lenguaje visual, que respeta su condición primigenia pero que se vuelve más versátil, es paralela al proceso de confluencia de los formatos que imponen las nuevas tecnologías (películas rodadas en formato digital pueden ser recibidas por Internet y contempladas con una calidad envidiable en el monitor de un ordenador). Para los fanáticos y fetichistas la mejora de los formatos fomenta el coleccionismo, pero en la sala oscura la comprensión de la imagen se resiente.


Please, insert coin

Porque, viendo recientes estrenos de cine de acción rodados con una dirección menos moderna, caso de Terminator 3 (2003) -en la que Jonathan Mostow emplea un lenguaje más próximo a la dirección de James Cameron, diez años atrás, que a los nuevos estilos del rodaje de acción, como los vistos en Tomb Raider (2001), Matrix (1999), o Misión Imposible 2 (2000) -, viendo Terminator, decía, las trepidantes escenas de acción se aprecian como coreografías limpias y permiten seguir con detalle las piruetas de los coches o los golpes que se propinan los androides. De hecho, dejan que se aprecie cada dólar gastado. Pero es un ejemplo trucado, pues la película es un remake de la precedente, lo que explica su lenguaje arcaico. Ahora triunfa más bien el asunto The Fast and the furious (2001).

Eso significa que el ojo de los nuevos espectadores, educado en el videojuego, la publicidad y el videoclip (formación que comparte de forma parcial el CinExín), posee una capacidad para leer la rápida sucesión de planos cortos, aun desde la fila 4, muy superior a la de aquellos que siendo miopes para todo somos hipermétropes en la sala oscura. Los que quieren bien al que suscribe le dicen que no se preocupe, que el cambio de la miopía por la vista cansada es un proceso natural de la madurez, incluso antes de los 35. Y aunque sea mentira, a uno le hace ilusión, pues es efectivamente una visión más madura, más reflexiva e íntima la que se obtiene cuando uno observa el mundo con cierta distancia.










pvallin@divertinajes.com
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