26 de junio de 2003

Carne resurrecta


Estamos de vuelta

Es extraña la sensación que experimenta al nacer un reencarnado, saliendo a la vida con el convencimiento de haber existido antes. Y así se encuentra este Cinexín, que aunque es, ya fue; regresa, junto a algunos viejos compañeros de viaje, esta vez venciendo la molicie del asueto, porque nos hemos emancipado. Al menos, de noche. Ya no somos fruto de horas robadas a la actualidad, sino al ocio y los amigos, doble mérito el nuestro. No sabe el que firma arriba, promotor de ese otro engendro autosatisfecho llamado CinExín, si esa libertad noctámbula y alevosa tendrá reflejo en el tono de las lecciones magistrales que se impartirán en dosis homeopáticas, o si se mantendrá aquel carácter jactancioso y atrabiliario de señor mucho mayor que quien lo alienta. Lo veremos.

La carne tiene esa cualidad de bien fungible que hace que la resurrección, por antinatural y díscola, sea un motivo de gozo cual si se hubiera desafiado la voluntad de los Dioses. Y algo de eso hay en estos Divertinajes y en este CinExín. Para viejos conocidos, baste decir que procuraremos seguir poniendo un poco de orden en este disparate propagandístico en que se ha convertido el cine, en un proceso que tiene más búsquedas que hallazgos. De paso, si ello fuera posible, traeremos a este histórico que encabeza (ahí arriba, a la derecha) la historieta de lo que fuimos, para que se sepa lo que somos. El CinExín, poco dado a juramentarse, promete abordar el asunto cinematográfico con una total falta de respeto por los atavismos de la ultrapostmodernidad, y alguna que otra vez irritar al respetable lector que es una forma como otra cualquiera de hacerle a uno pensar. Y así, de paso, pensamos todos un poco. Bienvenidos, señores. Guarden silencio... las luces se apagan.






pvallin@divertinajes.com
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